En la economía del conocimiento, el activo más valioso de una empresa suele ser su propiedad intelectual. Desarrolladores de software, oficinas de arquitectura y firmas de ingeniería invierten cuantiosos recursos en crear códigos fuente, planos estructurales y manuales de procedimientos. Frente a la copia por parte de competidores, el primer instinto del creador es invocar la Ley N° 17.336 sobre Propiedad Intelectual. Sin embargo, en la litigación estratégica suele surgir un